|
Seguidos muy de lejos por algún que otro australiano, los Gigantes son los más altos de la fiesta. Los más grandes sería decir demasiado porque hay muchas cosas grandes en San Fermín y para gustos se hicieron los colores. Sin embargo, hay una coincidencia plena entre todos y todas las pamploneses/as en un cariño hacia estas figuras de cartón con su cohorte de kilikis, cabezudos y zalidikos. Juntos forman la Comparsa, comitiva que no falta una sola mañana a su cita sanferminera y que, por otro lado, sale a la calle para otras grandes ocasiones puntuales. Y aquí si que ha dependido mucho del color de cada época ya que lo mismo recibieron a Franco que han bailado en el Nafarroa Oinez. Y es que, aunque parezca mentira, los gigantes no tienen vida por sí solos. Debajo están los comparseros y delante y detrás los gaiteros y txistularis que marcan su paso. Más arriba, se quiera o no, las autoridades municipales pero esa es otra historia.
Al margen de esa unanimidad del pueblo pamplonés hacia estas entrañables figuras, la comparsa no deja de suscitar una serie de reflexiones curiosas y hasta contradictorias. En primer lugar, empezando por casa, llama la atención de que en una época donde el bombardeo televisivo y publicitario inunda los hogares de pokemones, barbies y otras imágenes yankis, todos los niños y niñas pamploneses tienen grabada en su pequeña memoria la imagen de los kilikis o los gigantes, incluso con su personaje preferido o temido. La comparsa es intergeneracional ya que los que hoy son pequeños mañana serán mayores y los que hoy llevan a hombres a sus hijos e hijas tras el sonido de la gaita y el baile elegante de los gigantes, algún día fueron txikitos. La comparsa no conoce de edades.
La segunda cuestión curiosa ya está adelantada. A no ser que se sea muy racional, con el sonido de la música, el cuerpo mañanero, el ambiente festivo y un vermut en la mano cualquiera llega a pensar que estos grandes seres de cartón tienen vida propia. De hecho la mirada se va a sus ojos inertes y no a las piernas de quien lo baila. Se les llama casi con familiaridad, el Europeo, la reina Africana, Verrugón, Cara vinagre..., como si fueran de casa. Pero no, si se mueven es por el trabajo –privilegio para muchos- de los componentes de la comparsa que hacen de sus bailes y de sus figuras un arte y un honor pese a que a más de uno el madrugón le cuesta un esfuerzo extra que se compensan pronto al sincronizarse con estas figuras, desde el más altivo rey al más humilde zaldiko. La comparsa siempre merece un homenaje y de hecho la Peña La Jarana les entregó su primer Bombo de la Jarana hace poco en reconocimiento a su labor. En tercer lugar, una tierra tan contradictoria como esta con importantes sectores republicanos, gran tradición por la monarquía del viejo Reyno y polémica por la borbónica, deja uno de sus tronos de la fiesta a una comparsa real que nadie cuestiona. Quizá porque son unos reyes que saben que la soberanía popular de esta fiesta que los entrona está en el pueblo llano que los aplaude cada mañana.
Finalmente, pese a que siempre nos han acusado de estar mirándonos el ombligo y de pensar en ese día para los de casa, la comparsa ha sido uno de los equipos pamploneses que más ha viajado por el mundo (ni Osasuna ni Induráin tienen casi un libro de ruta tan amplio). Han estado en Barcelona, en la Expo de Sevilla, en Nueva York, Dax, San Juan de Luz, Donostia, Yamaguchi, Pau... De todas las visitas la más renombrada fue la de Nueva Yordk con motivo de la Feria Internacional de 1965 que se celebraba bajo el lema La paz por la Comprensión. La propia composición de la comparsa es cosmopolita, superó a principios de siglo la globalización de la que tanto se habla ahora y caminó hacia la integración ya que sus figuras representan cuatro continentes (Oceanía de momento no tiene reyes) con una pareja de reyes africanos y otra de americanos negros incluidas, pareja esta última que, curiosamente no pudo se profeta en su tierra al ser vetada por su tez oscura por los mandatarios de una Norteamérica que no aceptaba su propia multiculturalidad. Eso que llevamos adelantados porque los más de 20.000 nuevos navarros procedentes de decenas de países que están echando raíces aquí ya tienen su propia pareja de reyes en las que mirarse y sentirse como en casa.
|